ORGANIZACION Y LÓGICA INDUSTRIAL

¿Por qué debemos lubricar?

En noticias que publicamos en números anteriores del SUPLEMENTO INDUSTRIA, destacamos la importancia de controlar el desgaste en los equipos productivos implementando buenas prácticas  tribológicas, y también destacamos el nuevo perfil que debe tener el lubricador.

En efecto, una buena práctica tribológica sustentada en: un perfecto conocimiento de las máquinas, un estudiado plan de lubricación que contemple todos los condicionamientos y todas las circunstancias que ponen en riesgo el funcionamiento de los equipos, una permanente búsqueda de mejora continua, la capacitación del personal con poder de gestión; sin duda nos dará una mayor disponibilidad de máquinas, menor pérdida de producción, mayor ahorro de energía y menor costo de mantenimiento.

Ahora bien, todo el esfuerzo que se debe poner en este área, desde el relevamiento de los puntos a lubricar, la selección de lubricantes, la aplicación de los mismos, las rutinas de control de estado que requieren y la disposición de los residuos generados, se vería como un despropósito si no sabemos ¿por qué debemos lubricar?

Un motivo básico es que las superficies metálicas NO SON LISAS.

Una superficie metálica nueva, es decir, rectificada o lapidada, examinada a través del microscopio electrónico, NO es una superficie perfecta  y presenta un relieve rugoso, con picos y acanaladuras.

Al deslizar una superficie contra otra se genera fricción y, por consiguiente, desgaste.

Por lo tanto, para evitar este fenómeno debemos interponer entre las superficies en contacto algún elemento que nos ayude a separar las mismas, aumentar la superficie de contacto para distribuir la carga uniformemente y bajar así el coeficiente de fricción.

A este elemento, que puede tener distintas características lo llamamos LUBRICANTE.

Las superficies rugosas en movimiento acercan los picos que inevitablemente chocarán entre sí y generarán un umbral térmico que los unirá en una “microsoldadura”. El arrastre de las superficies que se mueven en sentido contrario producirá la rotura de las crestas que pasan a formar parte del DESGASTE

Las partículas de desgaste se mantendrán dentro del equipo hasta que sean capturadas por sistemas de filtrado o drenaje; y mientras esto no ocurra, servirán para aumentar los daños por abrasión, el taponamiento de conductos de sistemas de circulación, la disminución de la vida útil de los lubricantes, etc.

Así es que la LUBRICACIÓN tiene máxima importancia durante el diseño, la fabricación, el uso y el mantenimiento de cualquier maquinaria con elementos móviles que se desplacen y estén en contacto entre sí.

Los objetivos de la lubricación son reducir la fricción, reducir el desgaste, amortiguar los golpes por cargas discontinuas, refrigerar las superficies metálicas, prevenir la corrosión, transmitir potencia,  remover contaminantes y formar sello.

La realidad nos obliga a incorporar al fluido tecnologías en aditivos que nos ayuden a mejorar las condiciones de las superficies metálicas a lubricar y llegar a las mejores condiciones de lubricación.

Es sobre estos aspectos en donde se lograron avances importantes, y hoy existen en el mercado productos terminados que no requieren de aditivaciones extras y que corrigen las superficies metálicas con el propósito de disminuir o  modificar las rugosidades para bajar el coeficiente de fricción.

Todas las tecnologías cumplen, con distinta performance, un rol esencial en el control del desgaste.

Una buena selección del lubricante, dentro de un contexto de buenas prácticas de lubricación, los ayudará a prolongar la vida útil de los equipos y a disminuir las paradas por roturas imprevistas.


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